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jueves, 20 de enero de 2011

ÉTICA EN EL EMPLEO DE LAS CARTAS

Últimamente proliferan mucho los canales televisivos enfocados a consultas de Tarot. Sin entrar en más consideraciones sobre esta proliferacion, me gustaría comentar algo que sucedió en uno de estos canales. Una consultante quería saber si había posibilidades amorosas con un determinado caballero o no. La tarotista le indicó que se olvidara del tema porque no había futuro en esa relación. Ante esta respuesta la consultante siguió preguntando y quiso saber si el caballero en cuestión estaba con otra mujer; a lo que la tarotista le dio una contestación; y nuevamente la consultante quiso indagar aún más y ver si podía averiguar con quién estaba aquel hombre.

Bien, en mi opinión aquí se hicieron varias preguntas ilícitas. Me explico. Es lógico que quien consulte quiera saber un montón de cosas, pero creo que el profesional también está ahí, además de para traducir el lenguaje de las Cartas, para poner los límites. Honradamente creo que no debió contestar a la segunda pregunta y debería haberle hecho ver a la consultante que si aquel hombre no era para ella, no tenía derecho a meterse en su vida.

Hace tiempo, hice una consulta para alguien y caímos en el error de querer seguir indagando. Entonces, ante una determinada pregunta, sentí en mi interior un pensamiento muy tajante y que no parecía provenir de mi. Esa voz-pensamiento dijo claramente: "No tienes derecho a hacer esa pregunta". Me quedé muy impactada y decidí hacerle ver a quien pedía la consulta lo que estaba pasando y lo que había sentido. Inmediatamente, la consultante, una persona sabia y muy razonable, se dio cuenta de que así era; que determinadas preguntas no hay que hacerlas. Tan razonable fue esta persona que sentí mucha compasión porque ante aquella rotunda frase, la consulta quedaba con un cierto mal sabor de boca; entonces pedí si podíamos hacer una pregunta más, en esta ocasión razonable, para que quien buscaba ayuda pudiera obtenerla; y entonces sentí un: "De acuerdo". Y así fue con gran agradecimiento por nuestra parte; la mía y la de quien buscaba consejo.

Creo fundamental saber qué se puede preguntar y qué no se debe preguntar. Los límites de la ética son fundamentales en esta tarea, y no me cansaré de repetirlo.

domingo, 9 de enero de 2011

TAROT Y CRECIMIENTO PERSONAL

Hace ya un tiempo descubrí la importancia que tiene para mí encontrar un espacio para el desarrollo de la espiritualidad y el crecimiento personal. Y por eso me gustaría poder hacer llegar a otros aquello que ha ejercido tan benéfica influencia en mí.

Para mí el Tarot no pretende ser una herramienta de adivinación fatalista sobre sucesos en la vida, sino algo mucho más grande y dinámico. Considero el Tarot como una vía de comunicación con alguien que nos ayuda en el plano espiritual, así como una forma de despertar nuestra intuición ante los arquetipos que se muestran en las cartas. 

Sí, hablo de comunicación, y el Tarot es una manera que utilizo a modo de diccionario para establecer un diálogo que pueda ayudarme y ayudar a otros. No es la única vía, pero la considero como una muy válida que ayuda a meditar, y que puede colaborar en el engrandecimiento y el aprendizaje de quien a él se acerca.

El Tarot, así como la vida, me parece algo dinámico del que puede extraerse conocimiento y ayuda. El fatalismo sólo puede conducir a la obsesión, pero la meditación basada en las imágenes que aparecen en el Tarot pueden ser una magnifica herramienta para la introspección.

Un motivo para no aceptar el planteamiento fatalista sobre las cartas del Tarot (o cualquer oráculo) es la negación a ser un simple títere de la existencia sin nada personal que aportar. Las Cartas pueden ayudar a desentrañar posibles aspectos que no se han tenido en cuenta con anterioridad, pero la libertad del ser humano es incuestionable.

Por otra parte, he observado que, a través de las Cartas, se puede obtener una visión del momento actual y del inmediatamente siguiente. Es decir, tal como están las cosas, lo lógico es que caminen en una determinada dirección y no en otra; pero es entonces cuando se pregunta por los consejos; y, a partir de ahí y de su valoración, uno puede actuar y variar ese siguiente paso.

De cualquier forma, no podemos olvidar que, después del “paso inmediato” va a surgir uno nuevo. No pensemos, pues, en el estancamiento; se trata de ir sorteando los avatares de la vida de la forma más consciente que se pueda, pero no basándonos en un determinismo absoluto.

A veces, incluso, uno puede pensar que las Cartas le han engañado; pero es más que probable que aquello que prometían como solución, fuera una solución encaminada a un aprendizaje superior, no como solución necesariamente estancada. Por ejemplo, las Cartas nos pueden hablar de un éxito laboral; eso nos hace movernos en una determinada dirección, pero, pasado un tiempo, lo que se prometía tan feliz, se convierte en una posible insatisfacción. Bien, si tenemos en cuenta que nuestra vida es un camino de experiencia y aprendizaje, no estaría de más valorar esos pasos que generaron un bienestar y luego un malestar, y profundizar hacia dónde nos llevaría ese posible malestar, porque quizá ahí se encuentre la verdadera solución.

Las Cartas acompañan en el camino pero no lo sustituyen ni lo garantizan. La vida podría ser comparada a una película interactiva, en donde el guión no sigue una línea determinada sino unas pautas que nos conducen a nuevos campos, y éstos a otros nuevos. Ayudarse a veces del manual no está mal; sobre todo si es un manual abierto; pero la propia decisión cuenta y mucho. Y yo creo que el Cielo apoya esa propia decisión cuando se realiza con buena voluntad y consciencia; y, como diría Paulo Coelho, “conspira” para generar el éxito.

lunes, 3 de enero de 2011

QUÉ SE PRETENDE CON EL TAROT

Parece que la pretensión más común a la hora de utilizar el Tarot o cualquier otro Oráculo es la de adivinar el futuro según las cartas que aparezcan en una determinada tirada, así como de acuerdo con la posición que cada una ocupe en cada consulta.

De acuerdo con esta versión, el mundo estaría totalmente predeterminado y nada podría hacerse para modificarlo. Entonces, la pregunta inmediata que surge (al menos en mí) es la siguiente: ¿Para qué necesitamos el Tarot? ¿Para conocer por adelantado las fortunas o desgracias que nos tiene reservada la vida? ¿Para sufrir doblemente ante la adversidad anunciada? ¿Para aminorar el gozo de la dicha ya conocida? Eso, a mí al menos, me parece que no tiene mucho sentido. Y creo que para muchísimas personas tampoco lo tiene. Con toda probabilidad, creo yo que ése es uno de los motivos que inhiben a muchos de acercarse a esta herramienta. Y mirado bajo esta perspectiva, diría que no les falta razón.

Pero para mí el Tarot es una ayuda para quienes vivimos en un mundo libre (dentro de los límites de nuestra propia naturaleza, obviamente) en el que nuestro poder de elección puede ser decisivo para vivir una vida más plena. Las cartas, así, son una ayuda pero no un sustituto para la vida y para la toma de decisiones.

Por tanto, mi pretensión a la hora de utilizar el Tarot, es obtener un consejo elevado para una mejor actuación, ni más ni menos. Un consejo que uno es libre de aceptar o no; un consejo que nos lleve a la reflexión para una toma de decisión personal.

No somos títeres, tenemos libertad y lo que pedimos es conocer con una mayor profundidad lo que nos acontece, pero nada más.

lunes, 6 de diciembre de 2010

COMPRAR UNA BARAJA

Está claro que para iniciarse en las lecturas de Cartas, hay que hacerse con la herramienta: es decir, el mazo a utilizar. Hoy en día existe una enorme variedad para elegir. El problema suele darse en la imposibilidad de acceder al contenido de las cartas, puesto que vienen muy bien guardadas en una cajita que normalmente no nos permiten abrir y mucho menos tocar. Me explico. 

Existe una tradición muy extendida que dice que las Cartas no deben tocarse para así no cargarse de la energía que desprendemos cada uno. Esto, por lógica, nos lleva a la imposibilidad de conocer el contenido de cada carta si ni siquera nos permiten verla (y mucho menos tocarla) porque, desgraciadamente, en las tiendas no suelen hallarse catálogos con muestras de los diferentes diseños.

Como siempre, me gustaría matizar. Por supuesto no parece acertado que todos los posibles compradores manoseen las cartas, pero no por problemas energéticos, sino por una cuestión lógica de desgaste. Entiendo que debería tenerse abierto un mazo de prueba para poder consultarlo o bien un catálogo. Pero parece que los vendedores deciden ponernos a prueba ya desde el principio y que empecemos a demostrar posibles dotes adivinando el contenido de las cartas.

En fin, bromas aparte, no parece lógico hacerse con una baraja sin conocerla previamente. A unos nos gustan unos diseños y a otros les gustan de otro tipo, y uno debe elegir el suyo, el que le conviene, el que le transmite algo.

Existen mazos claramente positivos y otros muy negativos. Nunca aconsejaría que uno se hiciera con un mazo cuyo mensaje no fuera bueno, porque entonces ¿para qué quiere uno las Cartas?; no parece que la mejora personal sea la respuesta. Elijo Cartas inspiradoras de buenas obras, de buenos sentires, de excelentes motores que nos inciten al bien.

Recientemente, un amigo me regaló un mazo de Cartas muy hermoso, pero al abrir la cajita en la que venía, descubrí unas cartas mezcladas con el resto que no me parecían buenas en absoluto. Era un regalo, y la mayoría de las cartas resultaban hermosas y esclarecedoras; pero ahí estában aquellas pocas que me inquietaban. ¿Qué hice? Puse el mazo toda la noche bajo la protección de un a imagen religiosa que tengo, en concreto una imagen de Jesús. Y a la  mañana supe lo que tenía que hacer. Separé aquellas cartas nocivas y las destruí completamente, además de salir a tirarlas. Así me sentí totalmente liberada y con un mazo de cartas perfecto sin nada que les afectara.

Sobre el asunto de la energía, me gustaría decir algo. Yo creo que todo el mundo es energía, nosotros somos energía. Pero conceder un poder "fatalista" el mero hecho de que otra persona se atreva a tocar nuestras cartas me parece un exceso. Yo creo que las "Cartas" obedecen a un deseo sincero de mejora y de ayuda, por tanto, no importa mucho quién las toque. Otra cosa es que uno desee proteger sus cartas del deterioro y que por eso no le guste que las manipulen unos y otros; pero eso es algo completamente diferente a atribuir poderes excesivos a una energía en detrimento de otra.

Considero, por tanto, que el mundo está lleno de energía y que ésta no es ni mala ni buena; la baraja del Tarot permite centrar cuestiones y éstas creo que están tan delimitadas siendo tocadas por alguien como permaneciendo impolutas. No me gusta de ninguna manera caer en ritualismos que nos alejen de la verdad; queremos comprender, queremos indagar, queremos respuestas; todo lo demás puede ser sugerente por misterioso pero no fundamental. Me encantaría que a cualquiera de nosotros se nos permitiera ver las cartas que queremos comprar, así como hojeamos un libro o nos probamos un vestido; no veo nada malo en ello.

Aconsejo una buena búsqueda en Internet, y así el futuro comprador podrá saber si le hablan determinados diseños, o si, por el contrario, no le atraen en absoluto. Existen buenos enlaces al respecto, aquí coloco dos, a modo de ejemplo:



y


Y para terminar me gustaría añadir sólo un pequeño apunte. Algunos consideran que no deben comprar las cartas sino esperar a que alguien se las regale. Con respecto a esto diré que soy muy partidaria de los regalos, pero estimo que cuando se trata de algo que deseamos utilizar nosotros, y que se ha visto que es nuestra decisión, nuestro deseo, no tenemos por qué dejarlo en manos de nadie, sino que nosotros mismos podemos y debemos lanzarnos a la aventura de la propia búsqueda, ¿o no?

domingo, 5 de diciembre de 2010

QUÉ ES EL TAROT

Puede que muchos ya sepan lo que es el Tarot o que al menos tengan una idea aproximada, pero a lo mejor otros no conocen tanto del tema, así que, aun a riesgo de parecer algo aburrida, empiezo por el principio.

Por Tarot mucha gente entiende “adivinación del futuro por medio de unas Cartas”. Sin embargo yo no creo que esto sea exactamente así. Al menos, no considero ésa su función principal, pero, vayamos por partes.

El Tarot propiamente dicho (ya iremos viendo que no es el único Oráculo con cartas, pero sí parece la base) está formado por una baraja de 78 cartas con figuras simbólicas. De estas 78 cartas, 22 son conocidas como los Arcanos Mayores, y 56 como Arcanos Menores. Para quien quiera saber (y todavía no lo sepa) lo que significa la palabra Arcano, diré que es “misterio”; y es que el Tarot emplea símbolos, y eso encierra misterios, y por supuesto hace preguntas sobre el gran misterio de la vida. Quiero pensar que ésa es la razón del nombre. 

Cada uno de los Arcanos Mayores cuenta con una simbología que podríamos considerar como arquetipos. Las 56 cartas restantes (los Arcanos Menores) se dividen a su vez en cuatro palos distintos, que podrían equipararse a los cuatro palos que tiene cualquier baraja (especialmente la española): Copas, Oros, Bastos y Espadas (denominaciones que cambian según los autores; así, en vez de hablar de “bastos” puede mencionarse la palabra “varas”, o bien en lugar de “oros” se dicen “pentáculos”, etc:, pero la base sigue siendo la misma). Cada palo de estas 56 Cartas se compone de 14 que van desde el As, hasta las figuras conocidas como Sota o Paje, Caballo o Caballero, Reina y Rey.

En el Tarot se da una fusión de arte y filosofía muy interesante y atractiva. Tengo que confesar que las cartas me gustan. Me agrada tocarlas, barajarlas y obtener con ellas algún tipo de consejo, así como algún tema sobre el que meditar. Y aquí, ya dejo entrever que mi visión no va a ser la mera adivinación de un futuro siempre incierto, sino la comprensión de los avatares de la vida.

Hay que advertir que no todas las cartas que actualmente se pueden comprar en cualquier establecimiento dedicado a ellas son cartas del Tarot. Existe un gran abanico de diversidad que muestran cartas conocidas como Oráculos y que no siguen necesariamente el formato del Tarot, ni en el número de cartas ni en el significado de las mismas. Algunas son variedades del Tarot y muy semejantes a él, pero otras sencillamente son distintas, y sus utilidades pueden ser la misma o totalmente diferente. Están abiertas a multitud de posibilidades para aquellos que desean conocerlas.

Yo tengo una variedad grande. La información que aportan para meditar y valorar situaciones difiere mucho de unas a otras, y, de alguna manera, sé cuándo utilizar una u otra, y su mensaje me ayuda a comprender, discernir, tener una visión más amplia, no necesariamente la solución final. Pero a través de ellas aprendo a ser mejor persona... y eso, considero yo, es algo a valorar..., y mucho.

El Tarot, por tanto, no es una herramienta con la que frivolizar, sino una ayuda para la profundidad; con lo cual, la ética debe ser la base que rija su utilización y no el mero divertimento ni el deseo de poder. Nunca olvides esto, si deseas introducirte en esta materia. Si no estás dispuesto a acercarte a él de manera humilde, generosa y buena, es preferible, a mi modo de ver, no utilizarlas.

sábado, 4 de diciembre de 2010

LAS CARTAS Y YO

Para introducirnos un poco en el tema sobre el Tarot, me gustaría empezar contando cómo me acerqué a las Cartas (o cómo las Cartas se acercaron a mí).

Hace años decidí ir a ver una película al cine. Había quedado con una amiga, pero me llamó diciendo que no podía venir. Yo deseaba tanto ver aquella película en particular que opté por no esperar y verla aquel mismo día. La película en cuestión era "Chocolat". Es curioso pero, después de verla, me quedó el recuerdo de una escena con Cartas de Tarot que nunca más volví a ver. ¿Sorprendente, verdad? Bien pudiera ser que mis recuerdos me jueguen una mala pasada, bien pudiera suceder también que la versión en DVD de la película fuera diferente; en fin, no lo sé. El caso es que salí fascinada de lo que había contemplado en la pantalla, y entré en un centro comercial. Lo que encontré, lo primero que ví sobre una estantería fue un libro de Tarot que parecía llamarme. Sin dudarlo, lo compré.

Después vino el buscar a alguien que me enseñara los primeros pasos. Compré una barajita muy pequeña y me puse a la tarea. Contra la opinión de casi todos los que me rodeaban con conocimientos de Tarot, me imbuí de las diferentes versiones de un gran número de Tarotistas. Los demás me decían que no tenía que llenarme de conocimientos sino de experiencias; pero yo opinaba que, al menos en mi caso, necesitaba unas ideas externas para tener algo concreto en lo que basarme y, a partir de ahí, experimentar y aplicar yo misma mi propio sistema; y es que el conocimiento no tiene por qué estar reñido necesariamente con la intuición, creo yo.

Mi relación con las Cartas ha ido desarrollándose poco a poco. Me fui dando cuenta de lo que significaban para mí en cada lectura. Me aportaron alegrías y decepciones, pues las Cartas empezaron a decirme también lo que podía mejorarse en mí, y no podemos negar que cuando nos recriminan no nos sentimos especialmente contentos. Pero cuando fui aceptando que lo que me decían era para mi bien y mi mejora personal, las cosas empezaron a progresar notablemente.

Ésa es una de mis bases a la hora de utilizar los diversos mazos de cartas con los que me he ido surtiendo: ayudarme a ser mejor persona.

He llegado a la conclusión de que las Cartas son un medio de comunicación. Son un medio, no un fin. Se trata de una herramienta al igual que el idioma. Cada mazo es un idioma distinto con su propio diccionario. Lo importante es determinar con quién estamos hablando a través de este sistema de comunicación. Unos dicen que con Seres Superiores, otros dicen que con el Yo Interno. Yo tengo mi propia teoría, que une las dos opciones anteriores por lo que es necesaria una buena conexión y una buena comunicación entre ambos planos -el espiritual y el personal-, pero lo verdaderamente importante es que, si son utilizadas con buenas intenciones, creo que resultan una excelente ayuda para quien desea mejorar. Eso sí, no hay que olvidarse nunca de esa buena disposición para obtener ayuda.

jueves, 2 de diciembre de 2010

NOCIONES GENERALES

Hoy comienzo este nuevo blog dedicado exclusivamente al mundo del Tarot, y destinado a todos aquellos que quieran conocerlo en profundidad o bien ir aprendiendo a utilizarlo. 

En los próximos artículos iré exponiendo las ideas básicas del Tarot, como en qué consiste, de cuántas cartas se componen, etc.; así como las muchas reflexiones que puede suscitar este mundo tan amplio.

De entrada, me gustaría que quien se acerque a las Cartas, lo haga con el máximo respeto y aleje de sí toda frivolidad. No es el cometido de este blog  rebajar la importancia de un instrumento que puede servirnos para nuestra mejora personal. 

Como explicaré en alguno de estos artículos, existen diversas teorías sobre quién habla a través de las Cartas, pero básicamente se reducen a dos visiones: o bien guías espirituales o bien el propio subconsciente; incluso podría darse una mezcla de ambas. En cualquier caso, se trata de un instrumento que debe utilizarse con la mayor responsabilidad para no incurrir ni en males propios ni en males ajenos.

Para mí el Tarot es un idioma gráfico muy sutil que despierta la intuición y por el que podemos recibir mensajes -ya sean celestiales o de nuestro propio interior- de enorme valía para nuestro desarrollo. El lenguaje puede aprenderse, y según la facilidad de cada uno para el idioma podrá ir entendiendo más o menos. Se trata de un aprendizaje que no termina nunca, y en el que la seguridad no está garantizada al cien por cien, ya que nuestras propias interferencias con frecuencia oscurecen esos mensajes.

La paciencia y la buena voluntad, así como el deseo de ayudar y ayudarse son unos buenos materiales para trabajar en este campo.